La tensión y el miedo siguen creciendo tras el audaz “levantón” de cuatro policías municipales de Ojinaga, quienes continúan desaparecidos luego de haber sido interceptados por un grupo armado cuando escoltaban a la alcaldesa Lucy Marrufo Acosta. A más de un día del ataque, el silencio oficial y la falta de resultados mantienen en vilo a corporaciones y ciudadanos, mientras el corredor Ojinaga-Aldama vuelve a colocarse en el epicentro de la violencia criminal.

Los elementos secuestrados ya fueron plenamente identificados como Juan Carlos Vázquez Rivera, José Luis Cortez Ortiz, Miguel Ángel Núñez Chávez y el comandante Ramiro Orozco Pineda, este último con apenas meses en el cargo. La patrulla en la que viajaban fue localizada abandonada, con las puertas abiertas, como un mensaje claro de desafío a las autoridades, mientras los responsables escapaban sin dejar rastro y la escolta quedaba brutalmente desmantelada.

Aunque se desplegó un fuerte operativo con policías estatales, Guardia Nacional y agentes ministeriales, hasta el momento no hay pistas firmes sobre el paradero de los uniformados ni de sus captores. El caso revive el temor en una región golpeada por la guerra entre grupos criminales, donde cada ataque eleva la presión y deja al descubierto la fragilidad de la seguridad, incluso para quienes portan uniforme y armas.
