Una fiesta de Año Nuevo terminó por destapar una bomba política y de seguridad en la sierra: videos donde funcionarias municipales aparecen disparando armas de alto calibre encendieron las alarmas estatales y exhibieron un rostro inquietante del poder local. Para el secretario de Seguridad, las imágenes no solo muestran imprudencia, sino la posible cercanía entre el gobierno municipal y el mundo criminal.

El señalamiento fue directo: ese tipo de armas no se compran con permisos ni aparecen por casualidad en celebraciones privadas. El episodio revive viejas advertencias sobre Guadalupe y Calvo, un municipio donde se han quemado vehículos, aparecido cuerpos sin vida y donde, pese a la violencia, se ha rechazado la instalación de un centro de mando policial, cerrando la puerta a la vigilancia estatal.
Ante el silencio y la resistencia local, el Estado anunció mano firme: más patrullas, más soldados y vigilancia aérea, con o sin respaldo del Ayuntamiento. Mientras la Fiscalía prepara las investigaciones por el uso de las armas, el mensaje es claro: la sierra está bajo observación y el poder municipal quedó en el centro de la sospecha.
