Desde la fría noche de enero de 2017, cuando los Patriots aplastaron a los Steelers en la final de la Conferencia Americana, Pittsburgh arrastra una historia de frustración en playoffs: cero victorias en cinco apariciones, 73 puntos en contra en el primer cuarto y 69 partidos consecutivos con siete puntos o menos en ese periodo. Cada enero, la afición recuerda la maldición que parece no irse.
Pero esta temporada todo cambió con la llegada de Aaron Rodgers, veterano quarterback acostumbrado a la presión de playoffs, que trae la posibilidad de romper la racha desde el primer drive. DK Metcalf regresa tras suspensión, listo para encender una ofensiva que históricamente tarda en arrancar.

Pittsburgh sobrevivió a su último encuentro contra los Ravens para coronarse en el Norte de la AFC, y ahora enfrenta a unos Texans con la segunda mejor defensa de la NFL, líderes en yardas permitidas y puntos en contra, pero con una ofensiva menos intimidante. Houston llega con nueve victorias consecutivas y un entrenador, DeMeco Ryans, consciente de que Pittsburgh no pierde en Monday Night Football en casa desde 1991.
Para ganar, Pittsburgh debe imponer un inicio rápido, aprovechar cada ventaja y no dejar que la defensa de Houston dicte el ritmo. Rodgers y Metcalf serán claves para cambiar la narrativa histórica de derrotas tempranas y frustraciones.

La línea ofensiva tendrá trabajo duro, pero el talento y la localía podrían convertir la presión histórica en energía positiva y escribir un nuevo capítulo en la historia de los Steelers en playoffs.
Defensivamente, la clave será presionar a CJ Stroud. Con TJ Watt, Alex Highsmith y Nick Herbig atacando por los bordes y posibles apoyos desde el interior, Houston podría sufrir al menos cuatro capturas, obligando a Stroud a decisiones apresuradas y generando oportunidades cruciales para Pittsburgh.
