Entre lágrimas, sirenas y un silencio cargado de dolor, familiares y compañeros dieron el último adiós al agente estatal David Quezada Villa, asesinado a balazos durante un ataque armado que volvió a enlutar a la corporación policial.
Durante dos días, la funeraria fue escenario de despedidas marcadas por la impotencia y el reclamo silencioso ante la violencia que cobró la vida de un agente de 37 años, padre de tres hijos, cuyo féretro recorrió las principales avenidas escoltado por patrullas estatales.

El sepelio cerró con una caravana fúnebre que acompañó el cuerpo hasta el panteón, dejando una estampa de luto y dolor que se suma a la lista de policías caídos, mientras persiste la incertidumbre sobre justicia y homenajes póstumos.
