El día amaneció con un frío que caló hasta los huesos, con temperaturas casi gélidas en la madrugada y mañanas congelantes. El termómetro apenas marcó alrededor de 1–2 °C mientras muchos habitantes se abrigaban para salir, anticipando un día de clima poco hospitalario.

La consecuencia directa fue que muchísimos padres decidieron no llevar a sus hijos a la escuela, apareciendo calles y rutas escolares prácticamente vacías. La ausencia de estudiantes fue notable en múltiples planteles, generando cuestionamientos sobre si las clases estaban realmente programadas o si la ola de frío espantó a todos.
Vecinos comentaron que ni con suéteres gruesos ni bufandas, el frío era tremendo desde temprano, y muchos prefirieron mantener a los niños en casa “hasta que el sol los salve”. Autoridades educativas aún no confirman cifras de ausentismo.
