Las calles de Minneapolis retumbaron con consignas directas y cargadas de furia contra ICE y la Patrulla Fronteriza, mientras miles de personas denunciaban lo que llamaron una “cacería de migrantes” que mantiene a comunidades enteras encerradas por miedo a redadas y detenciones arbitrarias.

Entre gritos de “No hay odio en Minnesota” y mensajes de repudio al gobierno federal, los manifestantes acusaron que las redadas han roto la vida diaria de la ciudad, obligando a cerrar negocios y dejando vacías las calles. El reclamo fue claro: los migrantes no son criminales y tienen derecho a vivir sin temor.

La muerte de Alex Pretti avivó aún más la indignación y convirtió la protesta en un reclamo colectivo contra lo que consideran abuso de poder. Lejos de apagarse, la voz ciudadana promete seguir sonando en Minneapolis, donde los manifestantes advirtieron que no permitirán la normalización de la violencia institucional.
