Donald Trump cruzó una nueva línea en su segundo mandato: pasó de sancionar barcos a bombardearlos, dejando un saldo de al menos 123 muertos en el Caribe y el Pacífico, en una ofensiva que Estados Unidos justifica como lucha contra el narcoterrorismo, aunque sin pruebas públicas.

La cacería naval arrancó con sanciones a buques petroleros ligados a Venezuela y terminó en ataques armados con helicópteros y ametralladoras, principalmente frente a Colombia y Venezuela. Solo entre septiembre y diciembre de 2025 se documentaron 27 ataques letales contra 35 embarcaciones.

Ni el Pentágono ni el Departamento de Defensa han revelado quiénes eran los muertos, si había civiles, pescadores o menores de edad, ni han presentado evidencias que confirmen que los atacados formaban parte del crimen organizado, mientras Washington insiste en llamar “autodefensa” a los bombardeos.
