El mensaje fue brutal y directo. Los cuatro policías municipales de Ojinaga que habían sido levantados mientras escoltaban a la alcaldesa reaparecieron con vida, pero no ilesos, luego de haber sido sometidos y torturados presuntamente por el grupo criminal Los Cabrera, ligado al Cártel de Sinaloa. El hallazgo ocurrió en un paraje solitario entre Aldama y Chihuahua, donde fueron abandonados como advertencia tras horas de terror.
De acuerdo con versiones extraoficiales, el comando armado interceptó a los agentes en plena carretera, les cerró el paso y los bajó por la fuerza, llevándoselos sin dejar rastro. Durante su cautiverio habrían sido golpeados, amenazados e incluso sometidos a intentos de asfixia, todo como castigo por circular fuera de su jurisdicción. El mensaje criminal habría sido claro: nadie entra a territorio controlado sin permiso.

Horas después, una llamada anónima al 911 reveló el punto exacto donde los policías fueron dejados, ligeramente golpeados pero con vida. Corporaciones estatales acudieron de inmediato y los trasladaron bajo fuerte resguardo a instalaciones oficiales. El caso destapó nuevamente la guerra silenciosa que se libra en la región, donde grupos criminales disputan territorios y usan a las fuerzas de seguridad como piezas de intimidación.
