La captura de Nicolás Maduro tras un ataque militar encabezado por Estados Unidos cayó como una bomba en la política mexicana. En cuestión de horas, redes sociales y tribunas se inundaron de mensajes incendiarios, aplausos, condenas y advertencias, dejando al descubierto una profunda fractura entre quienes celebran la acción como el fin de una dictadura y quienes la ven como una amenaza directa a la soberanía regional.

Desde el oficialismo, senadores, diputados y ministros cerraron filas con la presidenta Claudia Sheinbaum y condenaron la intervención armada, acusando a Washington de romper el orden internacional y sentar un precedente peligroso. Las alarmas se encendieron con discursos que hablaron de “agresión”, “prisionero de guerra” y riesgos para América Latina, mientras se exigía la intervención urgente de la ONU para frenar una escalada militar.

Del otro lado, voces de la oposición y del sector empresarial celebraron la detención de Maduro como un golpe histórico contra el autoritarismo y una señal de advertencia para otros regímenes. Para ellos, la caída del líder venezolano representa esperanza, justicia y un punto de quiebre en la región. El resultado: México dividido, el debate encendido y una crisis internacional que ya sacude la política nacional.
