EU incautó el miércoles dos petroleros vinculados a Venezuela en el Atlántico, uno de ellos con bandera rusa, en una operación que forma parte de la campaña del presidente Donald Trump para controlar los flujos de petróleo en la región.
La acción, que siguió a una persecución de más de dos semanas, implicó el abordaje del Marinera —antes Bella-1—, que se había negado a ser intervenido el mes pasado, mientras que el otro buque, el Sophia, fue interceptado cerca de la costa noreste de Sudamérica. La Guardia Costera estadounidense contó con apoyo de fuerzas especiales y del Reino Unido durante la operación.
La incautación ha generado tensiones diplomáticas. Rusia exigió trato humano y digno para los tripulantes del Marinera, calificando la acción como una violación al derecho marítimo y, según autoridades rusas, una forma de “piratería del siglo XXI”.

Por su parte, la Casa Blanca insistió en que los buques formaban parte de una “flota en la sombra” usada para transportar petróleo sancionado procedente de Venezuela e Irán, y afirmó que continuará confiscando barcos que violen la ley estadounidense.
Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca, subrayó que “el único transporte marítimo de energía permitido será el que sea coherente con la ley de EE. UU. y la seguridad nacional”, mientras que la fiscal general Pam Bondi señaló que la tripulación del Marinera había intentado evadir la captura y ahora enfrenta cargos penales.
Esta medida ocurre en un contexto de mayor confrontación entre Washington y Moscú, que ya mantiene tensiones con Occidente por la guerra en Ucrania, y reafirma la postura estadounidense de controlar las rutas de petróleo sancionado en América Latina.
