Estados Unidos desató una nueva oleada de bombardeos en Siria este sábado 10 de enero, con ataques “a gran escala” dirigidos a objetivos del Estado Islámico (ISIS) como represalia por la muerte de tres estadounidenses en diciembre pasado. La acción fue anunciada por el Comando Central militar y se ejecutó en el marco de la Operación Hawkeye Strike, que promete más rondas si se repiten agresiones.

Los ataques se realizaron alrededor de las 12:30 p. m. (17:30 GMT) y contaron con el apoyo de fuerzas aliadas. Aunque no se divulgaron detalles sobre bajas ni ubicaciones exactas, el mensaje de Washington fue claro: Estados Unidos perseguirá a sus agresores “en cualquier parte del mundo”. La intensificación de la ofensiva refleja una postura cada vez más firme contra los grupos yihadistas en la región.
Esta nueva ronda ocurre menos de un mes después de que aviones estadunidenses y aliados golpearan decenas de posiciones del Estado Islámico tras un ataque en la ciudad de Palmira que acabó con vidas de militares y un intérprete. La operación sigue vigente en Siria, donde ISIS mantiene células activas pese a años de campañas militares internacionales.
