La liberación de decenas de presos sacudió el panorama político de Nicaragua en un momento clave para el régimen de Daniel Ortega, justo cuando el mandatario cumple 19 años en el poder y enfrenta uno de los entornos regionales más adversos de su historia reciente.
La captura de Nicolás Maduro encendió las alertas en Managua y dejó al descubierto el temor de los aliados del chavismo ante una posible escalada de presión internacional. Analistas sostienen que el gobierno Ortega-Murillo percibe un riesgo real de aislamiento y busca enviar señales de contención tras perder respaldo político en América Latina.

Expertos advierten que estas excarcelaciones no responden a una apertura genuina, sino a una maniobra defensiva para ganar oxígeno político. La falta de reformas democráticas profundas, el control absoluto del poder y la dependencia económica de Estados Unidos mantienen al régimen en una posición frágil, con un futuro incierto y bajo constante vigilancia internacional.
