Lo que comenzó como una celebración de cumpleaños terminó en una escena de horror en Duncannon, Pensilvania, donde un niño de apenas 11 años mató a su padre adoptivo de un disparo mientras dormía. La tragedia ocurrió luego de que los padres le quitaran su consola de videojuegos y lo mandaran a la cama, sin imaginar el desenlace que vendría horas después.
De acuerdo con las autoridades, el menor encontró las llaves de una caja fuerte, tomó un revólver, lo cargó y caminó hasta la habitación de su padre para dispararle a quemarropa. Cuando la policía llegó, el niño salió de la vivienda y confesó con frialdad: “Yo maté a mi papá”, dejando consternados a los agentes y a la comunidad.

El menor fue detenido y acusado de homicidio como adulto, sin derecho a fianza. El caso ha encendido la alarma sobre el acceso a armas en el hogar y el manejo de la disciplina infantil, mientras vecinos y expertos advierten que esta tragedia podría ser reflejo de problemas más profundos que no deben ser ignorados.
