Guatemala vivió horas de terror luego de que motines simultáneos en tres cárceles desataran una ola de violencia sin precedentes. Tras la intervención de las autoridades, pandilleros respondieron con ataques armados en distintas ciudades, dejando al menos ocho policías muertos y más de una decena de heridos, según confirmó el Ministerio de Gobernación.
Las fuerzas de seguridad lograron retomar el control de los centros penitenciarios y liberar a custodios que permanecían como rehenes, pero el costo fue alto. Las calles se convirtieron en escenarios de emboscadas y ejecuciones, atribuidas a grupos criminales como la Mara Salvatrucha, que buscaban venganza por los operativos.

Frente al desbordamiento de la violencia, el presidente Bernardo Arévalo decretó estado de sitio en todo el país por 30 días y ordenó la participación del Ejército. Las clases fueron suspendidas como medida de emergencia, mientras la población permanece en alerta ante una crisis que mantiene al país bajo tensión.
