La ruptura anunciada desde el primer día del gobierno de Donald Trump se convirtió en realidad: Estados Unidos abandonó oficialmente la Organización Mundial de la Salud, pese a las alertas sobre el impacto que esta decisión tendrá dentro y fuera de sus fronteras.

La OMS calificó la salida como un golpe directo a la cooperación sanitaria global y recordó que Washington deberá pagar 260 millones de dólares en cuotas atrasadas para concretar su retiro, advirtiendo incluso una posible violación a la legislación estadounidense si no cumple con esta obligación.
Expertos internacionales advirtieron que la salida estadounidense debilita la respuesta ante futuras emergencias sanitarias y representa una pérdida no solo para el país, sino para el resto del mundo, al quedar fuera de uno de los principales mecanismos de coordinación en salud pública.
