Una nueva oleada de bombardeos rusos sembró muerte y destrucción en Ucrania, con un saldo de al menos 10 personas fallecidas y decenas de heridos, incluidos niños y una mujer embarazada, tras ataques directos a viviendas, trenes y zonas urbanas.
Odesa vivió una de las jornadas más violentas, con decenas de drones que redujeron edificios a escombros y dejaron múltiples lesionados. La violencia también alcanzó Sloviansk, Zaporiyia, Jersón y Járkov, donde un dron impactó un tren y provocó más muertes.

Los ataques dañaron iglesias, escuelas y plantas energéticas, generando cortes de electricidad, mientras el gobierno ucraniano acusó a Rusia de sabotear cualquier intento de negociación para frenar la guerra.
