Venezuela dio un giro drástico en su industria petrolera tras la aprobación de una reforma que permite transferir activos y ceder operaciones, abriendo la puerta a empresas privadas en un sector que durante dos décadas estuvo fuertemente controlado por el Estado.

El Parlamento oficialista aseguró que la nueva Ley de Hidrocarburos hará más competitiva la explotación de las mayores reservas del planeta, mientras se anticipa que inversionistas extranjeros regresen a proyectos energéticos que antes dependían exclusivamente de PDVSA.
La reforma también reduce impuestos, crea nuevas cargas fiscales y concentra el poder de aprobar contratos en el Ministerio de Hidrocarburos, lo que ha generado inquietud sobre el control estatal y el futuro de la riqueza petrolera venezolana.
