Dos décadas tuvieron que pasar para que un artista latino volviera a ganar el Grammy en la categoría más importante: Álbum del Año. Desde el triunfo de Carlos Santana con Supernatural en el 2000, ningún otro latino había alcanzado ese reconocimiento, hasta que Bad Bunny lo consiguió con Debí tirar más fotos.

El disco, completamente en español, no solo destaca por su impacto musical, sino por poner sobre la mesa temas como la migración y los desplazamientos forzados, en un contexto donde los discursos de odio hacia latinos siguen presentes en distintas partes del mundo.
El triunfo del puertorriqueño representa un giro simbólico en la industria, al demostrar que la música latina puede ocupar el máximo lugar en los premios globales, incluso cuando incomoda y genera debate.
