Lo que fue anunciado como una oportunidad de alivio para Gaza terminó convertido en un proceso lento, restrictivo y marcado por denuncias. La reapertura del cruce de Rafah dejó pasar a menos personas de las prometidas, con retrasos de horas y acusaciones de interrogatorios prolongados y trato degradante por parte de fuerzas israelíes.
Testimonios de mujeres y pacientes médicos relataron esposas, vendas en los ojos y cuestionamientos extensos antes de poder cruzar, mientras organismos de la ONU advirtieron un patrón de abuso y humillación. Israel negó las acusaciones, aunque el flujo de personas siguió disminuyendo durante los primeros días del operativo piloto.

Entre el cansancio, la devastación y la incertidumbre, algunos palestinos lograron regresar a Gaza después de casi dos años, encontrando campamentos improvisados y viviendas destruidas. Para muchos, el cruce sigue siendo una esperanza frágil en medio del desgaste humanitario que no da tregua.
